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“Lo más grave de todo es que quien tiene que cuidar y velar por el desarrollo y crecimiento de esa universidad y de las otras universidades públicas, (…) que es el Presidente de la República, no haya demostrado en los hechos un genuino afecto y compromiso con el alma mater de Chile”


En su columna de opinión publicada el 27 de octubre en El Mercurio, titulada “Bello Encapuchado”, Cristián Warnken hace una dura crítica al patrono de la Universidad de Chile, el Presidente de la República, denunciando su falta de compromiso y apego con la principal universidad del país, pareciendo no “saber y sentir lo fundamental que ha sido esa universidad en la construcción de Chile”, de ser así, afirma el columnista, “eso se vería reflejado en el presupuesto de la nación y en gestos simbólicos potentes”.

Asimismo manifiesta la postergación histórica de la que ha sido víctima la Universidad de Chile, comenzando con la decadencia en la que la sumió la gestión lamentable del rector designado por la dictadura militar Federici, catalogando también de digna y valiente la gestión del actual rector Pérez.

Pero el tiro de gracia de esta destrucción en cámara lenta parece venir ahora de un Presidente que ve a la Universidad de Chile más como un problema o conflicto a contener que como un faro que haya que mantener prendido en los momentos de tempestad y de naufragio como éste que estamos viviendo. Dejar que esa luz se apague es un crimen de Estado.

Si la más alta autoridad de la nación ningunea a la universidad de la que es responsable, ¿qué podemos esperar de encapuchados que sólo escuchan consignas trasnochadas y nunca han leído los versos de los grandes clásicos, y que han instalado equivocadamente su resentimiento en la figura de Andrés Bello, que encarna el más alto amor al saber, la verdad y la belleza de nuestra República, o de los restos que quedan de ella?

Ver columna en El Mercurio online

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